Ante la Emergencia Alimentaria en la Sierra Tarahumara

Escrito por  Mons. Rafael Sandoval Sandoval


Es de conocimiento público que el Estado de Chihuahua y, más en concreto, la Sierra Tarahumara, se encuentra en una situación delicada debido, entre otras cosas, a la ausencia de lluvia o a lo tardío de ellas.

El Gobierno, la Iglesia, el Empresariado Chihuahuense y algunas ONGs y fundaciones se están organizando con grande sentido de humanidad y solidaridad para apuntar soluciones ante lo que nosotros, la Iglesia, llamamos “Emergencia alimentaria” para no caer en sensacionalismos ni sentimentalismos tranquilizadores.

En algunos medios de comunicación han salido notas con títulos como “los tarahumaras se suicidan por el hambre”… Noticias así nos parecen irresponsables y sensacionalistas, pues esconden la verdad y atraen la mirada hacia el mundo indígena de una forma irreal y perjudicial a su cultura. En tal cultura y experiencia de fe no cabe el suicidio porque siempre le encuentran sentido a la vida aún en las circunstancias difíciles. Es un pueblo que resiste y lucha por ser autosuficiente y, ante la emergencia, sale a buscar lo necesario para vivir sin desesperación alguna. No esperan sentados, sino que caminan para buscar el alimento para que su pueblo siga vivo.

Sin minimizar el problema ni llevarlo a la exageración, y debido a las innumerables preguntas que se me han hecho, apunto mi visión de las cosas y algunas pistas que, como pastor, puedan iluminar a quienes se sienten solidarios con sus hermanos tarahumaras y mestizos pobres de la Sierra.

1. Es innegable el momento difícil que ya trae rezagos desde décadas por no haber afrontado la situación con seriedad y con visión de futuro. El mundo indígena ha sido olvidado y las promesas de fuentes de trabajo a largo plazo han sido sólo palabras bonitas por intereses partidistas y asistencialismos interesados.  Aún hoy, en muchos sectores, se mira al indígena de arriba hacia abajo, como si fuesen objeto de lástima. Esto es un grave pecado, porque no hemos dejado que ellos sean sujetos de su historia. La emergencia se extiende no sólo al mundo indígena sino, también, a muchos mestizos pobres.

2. Tal crisis, nada nueva, si se afronta con sentido de solidaridad y organizadamente, se transformará en una oportunidad para hacernos más humanos y más hermanos. Los pobres nos pueden humanizar siempre que los veamos como hermanos y aprendamos de ellos.


ALGUNAS PISTAS ANTE LOS RETOS

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El día 6 de enero se realizó la rifa de un Chevy 2012 a favor del Seminario del Buen Pastor y ya tenemos a la persona ganadora.

Número Ganador: 58665 (De acuerdo al sorteo de la Lotería Nacional del 6 de enero de 2012)

Nombre de la persona ganadora: Julia De la Cruz

Lugar: San Luis La Loma

El día de mañana (Martes 10) se hará entrega del premio.


Comunicado de Prensa 08 de enero 2012 by Arquidiócesis de Acapulco

Acapulco, Gro., a 8 de enero de 2012

Comunicado 01-12

Al inicio del año 2012,  Jornada Diocesana por la Paz.

Feliz año nuevo para todos. Estamos celebrando la Jornada Diocesana por la Paz como una forma de inspirar en las personas, en las comunidades, en las organizaciones y en las instituciones un esfuerzo sostenido y comprometido en la construcción de la paz. El foro celebrado el día de ayer y la procesión que culminará con la celebración de la Eucaristía que esta tarde tendremos en la nueva catedral de Cristo Rey, son iniciativas que la Arquidiócesis de Acapulco promueve y que pretenden ser expresiones de compromiso y señales de aliento, en primer lugar, para todos los miembros de la Iglesia para que asuman sus responsabilidades sociales como exigencias de la misma fe en Jesús que ha nacido entre nosotros, y en segundo lugar para toda la sociedad y los hombres y mujeres de buena voluntad para hacerles el llamado y la invitación a que, juntos,  construyamos la paz.

La paz está en el centro del contenido de nuestra fe pues Jesús anunciaba el Reino de la paz como don de Dios que necesita ser acogido y construido. Construir el Reino es construir la paz, por lo que no podemos permitirnos la indiferencia o la pasividad ante la violencia y la inseguridad que padecemos. El saldo que la violencia ha dejado durante el año 2011 en Guerrero y, particularmente, en Acapulco es trágico. Según datos oficiales, Guerrero ha sido el segundo estado con mayor número de asesinados de enero a agosto y Acapulco, la segunda ciudad también, después de Ciudad Juárez. En este contexto la paz es una tarea fundamental para todos  y la Iglesia quiere hacer su parte y anima a personas e instituciones para que también se involucren en esta noble tarea. La Iglesia ha recibido el mensaje de la paz del propio Jesús, el Mesías. Quien recibe a Jesús, recibe la paz y nos sentimos con la grave responsabilidad de transmitirla en todas las formas posibles. Por ello, esta jornada diocesana por la paz es un punto de arranque que en este año impulsa el proceso eclesial que se ha venido realizando e incluirá una serie de proyectos y acciones.

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Queridos amigos:

Que la gracia, la paz y la alegría que nos ha traído el Señor, nacido para nuestra salvación, reinen en cada uno de ustedes, en sus familias y en nuestras comunidades.

Una vez que hemos celebrado el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. El Emmanuel, el Dios que está con nosotros. Hagamos nuestra la actitud de los Pastores cuando se encontraron con el Niño: "Volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído".   Feliz inicio de año.

En el marco de la Jornada Mundial por la Paz y con el fin de continuar durante este año 2012,  el tema de la construcción de la paz en la Arquidiócesis de Acapulco, la Comisión Diocesana de Justicia, Paz y Reconciliación, en coordinación con la Pastoral Social ha organizado  los días 5, 7 y 8 de enero de 2012, la  JORNADA DIOCESANA POR LA PAZ. El objetivo de la Jornada ha sido: Celebrar una Jornada Diocesana por la Paz que incluyó tiempos para la reflexión, para la manifestación pública y para la celebración, dando un lugar especial a las víctimas de la violencia, para promover la conciencia y el compromiso en la construcción de la paz en la Iglesia y en la sociedad. Esta Jornada se está realizando en tres momentos específicos:

El jueves 5 de enero se celebró en todas las parroquias de la arquidiócesis una HORA SANTA POR LA PAZ. Como hombres y mujeres de fe creemos que la paz se construye con la oración. La oración nos abre a una profunda relación con Dios y el prójimo, inspirados por los sentimientos de respeto, confianza, comprensión, estima y amor. La oración infunde valor y sostiene a los verdaderos amigos de la paz. Invito a todos los cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad que anhelan y luchan por la paz a solidarizarse con esta iniciativa de oración y a seguirla realizando todos los jueves del año, a partir de esta fecha.

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Hoy celebramos la realeza universal de Cristo, su manifestación –es el significado de la palabra “epifanía”- a los pueblos paganos. Como primicia de las naciones, se habla sólo de los Magos. La venida de estas personas marca el inicio de la unidad de la familia humana, que será realizada perfectamente cuando la fe en Jesús haga caer las barreras existenciales entre los hombres y en la unidad de la fe todos se sientan hijos de Dios, igualmente redimidos y hermanos todos ellos. Este nuevo pueblo es la Iglesia, comunidad de los creyentes; a través de los siglos la Iglesia realiza y testifica la llamada universal de todos los hombres a la salvación por la obra unificadora de Cristo. A este respecto es significativa la visión final del nuevo Testamento (Apoc. 7,4-12; 15, 3-4: 21, 24-26)

San Mateo es el único que menciona a los Magos, venidos del oriente para postrase ante el rey de los judíos cuando vieron surgir su estrella. Este relato tiene todas las características de una leyenda piadosa, naturalmente con una base sólida que le da consistencia. En todos los países en los cuales se practicaba la astronomía –y esto se daba en todos los territorios circunvecinos a Israel- se tenía la firme convicción de que todo niño nace en una conjunción astral, por tanto cada hombre tiene su estrella. Y la aparición de una nueva estrella hacía pensar inevitablemente en un nuevo acontecimiento que marcaría cambios en la humanidad. La regularidad del curso de las estrellas garantizaba la normalidad de la vida del mundo. Por lo que un acontecimiento importante debería estar marcado en el curso de las estrellas. Como el nacimiento de Jesús es el acontecimiento más importante de la humanidad, debería necesariamente ser anunciado por el mundo de los astros. Y aquí se juntan leyenda y teología.

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CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

Introducción

Con la Carta apostólica Porta fidei, del 11 de octubre de 2011, el Santo Padre Benedicto XVI ha proclamado un Año de la fe, que comenzará el 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, y concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.

Ese año será una ocasión propicia para que todos los fieles comprendan con mayor profundidad que el fundamento de la fe cristiana es «el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»1. Fundada en el encuentro con Jesucristo resucitado, la fe podrá ser redescubierta integralmente y en todo su esplendor. «También en nuestros días la fe es un don que hay que volver a descubrir, cultivar y testimoniar. Que en esta celebración del Bautismo el Señor nos conceda a todos la gracia de vivir la belleza y la alegría de ser cristianos»2.

El comienzo del Año de la fe coincide con el recuerdo agradecido de dos grandes eventos que han marcado el rostro de la Iglesia de nuestros días: los cincuenta años pasados desde la apertura del Concilio Vaticano II por voluntad del Beato Juan XXIII (1 de octubre de 1962) y los veinte años desde la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, legado a la Iglesia por el Beato Juan Pablo II (11 de octubre de 1992).

Según las palabas del Papa Juan XXIII, el Concilio ha querido «transmitir pura e íntegra, la doctrina, sin atenuaciones ni deformaciones» comprometiéndose a que «esta doctrina, cierta e inmutable, que debe ser fielmente respetada, sea profundizada y presentada de manera que corresponda a las exigencias de nuestro tiempo»3. En este sentido, continúa siendo de crucial importancia la afirmación inicial de la Constitución dogmática Lumen gentium: «Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia»4. Desde la luz de Cristo que purifica, ilumina y santifica en la celebración de la sagrada liturgia (cf. Constitución Sacrosanctum Concilium), y con su palabra divina (cf. Constitución dogmática Dei Verbum) el Concilio ha querido ahondar en la naturaleza íntima de la Iglesia (cf. Constitución dogmática Lumen gentium) y su relación con el mundo contemporáneo (cf. Constitución pastoral Gaudium et spes). Alrededor de sus cuatro Constituciones, verdaderos pilares del Concilio, se agrupan las Declaraciones y Decretos, que abordan algunos de los principales desafíos de nuestro tiempo.

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